EPISTEMOLOGÍA DEL DESACUERDO: LAS BUENAS NOTICIAS POR DAVID CHRISTENSEN (TRADUCCIÓN)

EPISTEMOLOGÍA DEL DESACUERDO: LAS BUENAS NOTICIAS

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https://www.dropbox.com/s/uznkfks2nadqvo2/Christensen%2C%20Epist%20of%20Disagreement-%20The%20Good%20News.pdf?dl=0

Vivimos nuestras vidas en un estado de imperfección epistemológica. Ese estado se da porque no siempre respondemos de la mejor forma a la evidencia que tenemos. Nuestra condición epistémica consiste en repuestas imperfectas para evidencias incompletas. Parte de ser racional implica tomar en cuenta estas fuentes de imperfección. Afortunadamente todos los días nos enfrentamos ante oportunidades para el automejoramiento epistemológico. Las oportunidades arriban en forma de evidencia que soporta directamente cuestiones sobre nuestras creencias; otras oportunidades se ubican no en nuestro déficit de evidencia, sino en nuestro déficit para responder a la evidencia. Una situación común que podría presentar oportunidades para el mejoramiento, es descubrir que la creencia de otra persona sobre determinado tema difiere marcadamente de la propia (pág. 1).

Al pensar la creencia desde una forma gradual o cuantitativa, la cuestión alude a casos en el cual mi amigo y yo tenemos diferentes grados de confianza en una proposición P ¿Debería el descubrimiento del grado diferente de creencia de mi amigo en P llevarme a revisar mi propia confianza en P? En algunos casos la respuesta es fácil, pero hay otros donde uno no tiene ninguna razón especial para pensar que la persona con quien uno está en desacuerdo, tiene más o menos evidencia o si es más o menos probable reaccionar ante esa evidencia de la forma correcta.

Caso: Mi amigo esta en desacuerdo conmigo con respecto a P. Mi amigo tiene una confianza moderada que P es verdad y yo tengo una confianza moderada que P es falsa. Mi amigo está tan bien informado como yo, de hecho se supone que hemos tenido discusiones previas en donde hemos mostrado hasta la más mínima evidencia relevante a P (Pág. 2).

Incluso tengo buenas razones para creer que mi amigo es igual de inteligente y racional a mí y no hay otra razón al reaccionar ante la evidencia sino que mi amigo no está de acuerdo conmigo con referencia a P. En ese caso mi amigo sería entonces mí par epistemológico. El que no pretende ser escéptico tiene que estar de acuerdo en que es posible aceptar una hipótesis cuando hay intelectuales que, mediante todo criterio objetivo externo, son por lo menos igual de calificados para pronunciarse sobre esa tesis y sobre los que la rechacen. En muchos casos se debe cambiar el grado de confianza significativamente hacia el de mi amigo. Sin embargo primero se debe revisar una forma atractiva de negar que el desacuerdo de los pares deba ser una ocasión típica para revisar las creencias. Luego se considerarán algunos casos simples que demandan una revisión general, un desarrollo y una defensa de la versión que se centra en por qué y cuándo es necesario hacer una revisión de las creencias. También habrá un examen de los efectos de las idealizaciones laxas implicadas en casos centrales y finalmente se explorará la extensión de la posición que implica un grado inaceptable de escepticismo (pág. 3)

  1. ¿Por qué no vivir y dejar vivir?

“Ella tiene su creencia y yo tengo la mía, sin embargo por lo que se, ambos somos perfectamente racionales en nuestras reacciones a las evidencias”. Negarse a aceptar esa actitud podría parecer tener una apreciación insuficiente de diversidad epistémica. Sin embargo la actitud de “viva y deje vivir” es dura de mantener; la racionalidad no es tan restrictiva como para señalar (single out) una respuesta racional a cada situación de evidencia (pág. 4).

Parece claro que hay algo inestable en aferrarse (hold onto) a mi creencia mientras estoy reconociendo que una creencia diferente disfruta de igual soporte desde la evidencia, siempre y cuando las cosas importantes tengan que ver (hang on) con la creencia en cuestión (pág 5).

Parece también dudoso que uno pueda invocar una noción permisiva de racionalidad para desechar lo significativo de las opiniones de otras personas igualmente racionales con quien uno tiene desacuerdos. Así la expresión “viva y deje vivir”, de aparente mente abierta, termina proponiendo una actitud de mente cerrada implausible hacia las creencias de otros. Sin embargo se sigue trabajando en la asunción que solo hay una sola respuesta máximamente racional a cualquier situación con evidencia dada. El ser laxo en esto tiene algunos efectos.

  1. Algunos casos simples

Caso: cinco personas están cenando. Es el momento de pagar la cuenta y la cuestión está en cuanto le corresponde a cada uno (how much each owe). Todos ven el recibo claramente y acuerdan dar el 20% de la cuenta en propina así como dividir toda la cuenta en los cinco (evenly), sin preocuparse por quien bebió agua importada, o comió un postre o bebió mas vino. Yo hago las cuentas en mi cabeza y con confianza digo que a cada uno le toca dar $43. Al mismo tiempo otro hace las cuentas en su cabeza y llega a la conclusión que cada uno paga $45. ¿Cómo debo reaccionar con respecto a aprender de su creencia? La respuesta es obvia en caso de que mi amigo y yo hayamos comido antes y que con respecto al desacuerdo, la mayoría de las veces terminen en acuerdo. Supongamos incluso que no hay razón especial para pensar que ninguno de nosotros ni está ni apagado ni ácido, ni cansado ni enérgico ni bebió más vino o café. Pero supongamos que no me siento tan confiado esta vez en este cálculo en particular y mi amigo dice sentir lo mismo. Si armamos el caso de esta forma, parece claro que debo ceder mi confianza en que mi parte es $43 y aumentarla en que es $45. De hecho pienso que debo darle a juntas hipótesis aproximadamente (roughly) el mismo crédito. Este caso es simple de dos maneras: En la situación evidencial y en la evaluación de las capacidades generales que mi amigo y yo ejercitamos al reaccionar a esa clase de situación evidencial (Pág. 7).

Incluso cuando la evidencia no implica la respuesta a la pregunta relevante, el desacuerdo con un par epistemológico es suficiente para revisar la creencia. Así las opiniones de las personas, en esas circunstancias, presentan oportunidades para un mejoramiento epistémico. Pero algunos no están de acuerdo con esto, he aquí algunas objeciones a esta postura con el ojo puesto en desarrollar y defender una explicación de cómo y cuando el desacuerdo con el par epistemológico debe ocasionar una revisión de la creencia (pág. 8).

  1. Explicando desacuerdos y ajustando creencias

La revisión de los casos dependerá de la intuición del reconocimiento por mi parte que mi amigo reaccionara igual que yo a los datos que tenemos. Pero esta asunción es revocable por alguna información si la otra persona tiene una historia de errores, tiene faltas importantes de evidencia, que esta pobremente entrenado o no es un par cognitivo. Incluso es derrotado cuando nuestras opiniones discrepan porque, según yo, la persona ha llegado a ser de no fiar (matizado (nuanced)). El desacuerdo mismo sirve para socavar (undermine) el importe evidencial de las creencias de otros. Cuando considero (regard) como tratar el desacuerdo de mi amigo, tengo que hacerlo desde la perspectiva de la primera persona, o sea usando mis creencias ¿Puede esto dar a mis creencias una especie de posición privilegiada? Tomar una perspectiva de la primera persona puede proveer una asimetría que es epistemológicamente relevante para evaluar la evidencia del error (pág 9).

Cuando dije antes de hacer el análisis, que ambos tendríamos la misma posibilidad de haber cometido un error en caso de conflicto, sabía que en ese caso tendría en cuenta una razón aparentemente convincente detrás de mi respuesta. Ahora tengo ese razonamiento en mente así como mi amigo, por supuesto. Parece que tomar un perspectiva de primera persona en la situación no me da licencia para pensar que el desacuerdo con mi amigo es explicado mejor por su error que por el mío (Pág. 10,11).

Dado que mi amigo y yo somos generalmente pensadores fiables que han estudiado la misma evidencia, el hecho de tener un desacuerdo será explicado desde el punto de que al menos uno de nosotros ha cometido un error en este caso. Pero intuitivamente, la explicación en términos del error de mi amigo no es más razonable que la explicación en términos de mi error. Esto lo debo reconocer mediante mover mis creencias hacía el lado de la suyas. Sin embargo algunas cuestiones no acuden a la pregunta como tal ¿Cómo estoy para usar mis creencias en evaluar la razonabilidad de las dos explicaciones, en donde no acuda a la pregunta en favor de la opinión que actualmente tengo? En algunos casos el desacuerdo puede ser reducido substancialmente sin acudir a la pregunta. Si mi amigo está en desacuerdo conmigo por estar totalmente convencido que un individuo que dice ser el mesías realmente lo es, o que su hijo es el mejor violinista de la escuela, hay una razón clara para pensar que la mejor explicación a nuestro desacuerdo es que mi amigo está en un error. En estos casos es notable que mi razón por favorecer la explicación en términos de su error sea de una forma importante independiente de mi razonamiento acerca del inconveniente sobre el cual mi amigo y yo estamos en desacuerdo. Este caso presenta un claro contraste con el caso del restaurante, donde parece que me faltaran terrenos (independiente de mi propio razonamiento sobre la cuestión en disputa) para favorecer la explicación en términos del error de mi amigo (Pág. 12).

Estos casos sugieren las siguientes conjeturas en la evaluación y reacción de un desacuerdo, así como las explicaciones de ello con mi par epistemológico: 1) Debo evaluar explicaciones para el desacuerdo en una forma que sea independiente de mi razonamiento sobre la cuestión en disputa y 2) En la medida que esta clase de evaluación me de razones para pensar que la explicación en términos de mi propio error, es tan buena como la anterior en términos del error de mi amigo, debo mover mi creencia hacia la de mi amigo. Ahora la cuestión será precisar más sobre este principio (Pág. 13).

  1. Algunos test y aclaraciones

¿Por qué parece correcto reducir la creencia de mi amigo en un caso extremo (mi amigo dice que cada uno tiene que dar $450 en vez de $45 cuando esa cifra ni siquiera es el valor de toda la cuenta) y no en el caso regular que miramos anteriormente? No puede ser solo un alto grado inicial de certeza la que justifique la reducción en la confianza de mi amigo. El ejemplo extremo del restaurante no debilita (undermine) el principio que aplico en evaluar explicaciones competitivas de desacuerdo sobre P, donde mi evaluación debe ser independiente al razonamiento que soporta mi actual evaluación de P. Debo tener evidencia que mi evaluación sobre la proposición en disputa esta soportada por un razonamiento extremadamente fidedigno y no debo tener bases para suponer lo mismo sobre la evaluación contraria de mi amigo. Mis terrenos para reducir la creencia de mi amigo están sobre las consideraciones acerca de mi razonamiento, no en ese razonamiento en particular (Pág. 15).

Ese razonamiento extremadamente fidedigno, en el caso extremo del restaurante, es solamente cubierto por mi uso de la razón para evaluar otra vez P, como razón para favorecer la explicación de que el desacuerdo fue error de mi amigo. Incluso en casos extremos donde uno pone el error en los pies del amigo de manera razonable, no es interpretado (rendered) simplemente por la fuerza de la evaluación de uno a la afirmación en disputa (pág. 16)

Típicamente cuando estoy altamente confiado en mi opinión inicial, tengo buena razón para pensar que la opinión es basada en un razonamiento altamente confiable. Esto a su vez me da alguna razón para pensar que una persona igualmente informada que está en desacuerdo conmigo, no usó la misma clase de razonamiento que yo debido a que es poco probable que dos personas, usando un método altamente confiable de razonamiento sobre la misma evidencia, alcanzarían opiniones diferentes. En muchos casos donde se relativamente poco de la persona con quien estoy en desacuerdo, el sentimiento de tener confianza en mi opinión inicial debe correlacionarse con el sentimiento de darle menos credibilidad a la opinión de la otra persona. Pero ese sentimiento de reducir (discounting) la opinión de los otros debido a mi alta confianza en mi opinión inicial y conocer poco acerca del proceso de razonamiento del otro no se constituye al final en ser parcial a mis propios conceptos solo porque los adopto de manera confiada. En la medida que (for to the extent) tenga evidencia que mi amigo igualmente informado usó verdaderamente la misma clase de razonamiento en la que mi opinión inicialmente se basó, no tengo razón para favorecer mi propia opinión. Estos casos no debilitan (undermine) el principio imparcial donde yo debo evaluar explicaciones al desacuerdo en una forma que sea independiente al razonamiento en que mi actual evaluación del proceso en disputa está basado. Otro principio enunciado anteriormente: En la medida que mi evaluación me dé razones para pensar que la explicación en términos de mi propio error sea tan buena como la otra en términos del error de mi amigo, yo debo mover mis creencias a las de él. Es necesario ser un poco más específicos con este principio: cuando tengo buenas razones para pensar que la explicación en términos de mi propio error es uno a uno (every bit) tan buena como la otra en términos del error de mi amigo, debo acercarme a romper la diferencia, entre la creencia inicial de mi amigo y la mía (pág. 17).

Estos principios son apenas aproximados de varias maneras. Pero incluso sin tener una receta precisa para determinar cuáles son las razones sobre las que yo baso mi creencia sobre P o para adjudicar valor a las explicaciones o para calcular el grado donde yo deba alterar mi creencia como respuesta para aprender de un desacuerdo con mi par, pienso que es claro que hay muchos casos en donde, intuitivamente, puedo dejar a un lado las razones por las cuales yo basé mi propia evaluación de P y ver que tengo una razón global (overall), para pensar que mi amigo y yo estamos con las mismas probabilidades de haber cometido ese error que explicaría nuestro desacuerdo. En ese caso debo revisar considerablemente mi creencia. No hay razón para suponer que desde la primera persona es imposible tomar una distancia prudente hacia mis creencias. La perspectiva en primera persona no es dogmática: no implica negar o ignorar la posibilidad que he cometido un error cognitivo. Seguramente la perspectiva en primera persona no pone barreras para que yo acepte las correcciones de mis amigos quienes son, de acuerdo a lo que yo creo, o más listos o menos parciales o mejor preparados al reaccionar a la evidencia. Una vez que esto está garantizado, parece haber una pequeña razón para suponer que esto presenta algún obstáculo para usar mi pares epistémicos como verificadores de mi propio pensamiento. Afortunadamente desde mi propia perspectiva epistemológica, soy perfectamente capaz de tomar una actitud imparcial hacia algunas de mis propias creencias y usar las opiniones variadas de otros como recursos para mi propio mejoramiento epistemológico.

Si algo de lo anterior es correcto, algunas cuestiones sobre el desacuerdo podrían parecer para pensar más que otras. No se afirma estar habilitado para señalar alguna razón, independiente del desacuerdo mismo, para pensar que a los que están en desacuerdo les hace falta una perspicacia especial que uno tiene. Pero si esto es correcto, tener algo de ese razonamiento independiente es precisamente lo que uno necesitaría para mantener confianza racional en desacuerdos con pares aparentes. El solo hecho del desacuerdo, después de todo no puede mostrar que yo soy el único que “tiene que tener” la ventaja (edge) epistemológica. En la medida (insofar as, to the extent) en que yo tome en cuenta las creencias de mis amigos para revisar las mías, yo creo irracionalmente (pág. 18).

Desacuerdo y asimetría de la justificación

Decir que descubrir el desacuerdo no debilita selectivamente las credenciales epistémicas de mi amigo revela una dimensión en la cual mi amigo y yo ocupamos posiciones simétricas. Pero eso no significa que todas las posiciones tengan que ser simétricas, incluso si ambos hemos estudiado la misma evidencia con igual intensidad y son en general igualmente buenas al reaccionar a esa evidencia. Si yo he apreciado la evidencia correctamente antes (in advance) de hablar con mi amigo, será perfectamente racional, incluso después de enterarme del desacuerdo de mi amigo. Sin embargo parece que generalmente no pueda ser que la racionalidad puesta en continuar creyendo después de descubrir el desacuerdo, no se podría dar solo si aquellos que están en desacuerdo conmigo tienen sinceramente buenas razones para su creencia que yo no he sabido apreciar. Hay que vaciar la idea que incluso la respuesta más racional posible al desacuerdo de pares envuelve a menudo (embodies) una clase de imperfección racional. Hay casos donde la racionalidad de mi creencia continua se puede ver amenazada incluso si no hay buenas razones que yo no haya apreciado (Pág. 19).

El requerimiento racional para tomar en cuenta juicios contrarios provenientes del par epistémico es solo un caso especial al tomar en cuenta evidencia de un posible error de uno. Sin embargo es innegable que hay algo extraño al aceptar esto; el hecho que me haya dirigido (have managed) por la evidencia original para llegar a la creencia mejor soportada, requiere racionalmente que yo la abandone. Esto está unido a una rareza estructural de una auto-crítica racional en la que vale la pena pausar brevemente (worth pausing over). Nuestro problema adquiere relevancia precisamente en nuestro reconocimiento que somos pensadores falibles. Nuestro problema es cómo tratar de manera racional con el hecho de que somos responsables (liable) de quedarnos en la racionalidad ideal. De alguna manera nos estamos preguntando: ¿Cual es la respuesta idealmente racional para evidenciar que no soy idealmente racional? Esa es la razón de por qué se hace la diferencia en si mi amigo efectivamente está en desacuerdo conmigo, o si solo se que él podría haber estado en desacuerdo conmigo. El hecho de que el desacuerdo entre pares epistémicos sea posible es una consecuencia constante e inevitable de nuestros pensadores no ideales. Entonces la mera posibilidad de desacuerdo entre pares nos dice solo lo que ya sabemos. El desacuerdo actual con pares es informativo porque provee evidencia que una cierta posibilidad –la posibilidad de haber cometido un error epistémico- ha sido actualizada. Esto hace que lo sepamos posible más que probable. ¿Podríamos conseguir la misma clase de evidencia simplemente mediante preguntarnos a nosotros mismos si solo (merely) posibles pares podrían desacordar racionalmente con nosotros? (Pág 22).

Si originalmente estoy en lo correcto y mi amigo originalmente no y si él no cambia en nada su creencia, él ha cometido dos errores epistémicos. Primero, evaluó mal la evidencia. Segundo, ignoró la evidencia –dada mediante su conversación conmigo- que él había cometido un error. Yo evité cometer el primer error, pero me uní a él en cometer el segundo: Ignoré la evidencia indicando así que había cometido un error.   Existe alguna tentación para pensar que no se comete ningún error ignorando su opinión dado que, al final (as it turned out), me quedé con la opinión que estaba mejor soportada por la evidencia. Pero creo que esto no es correcto. Mi opinión está soportada por la evidencia que tenía antes de hablar con mi amigo. La creencia de mi amigo es evidencia adicional, la cual se soporta sobre la probabilidad que yo cometí un error en mi juicio inicial. Si es para tomar seriamente la posibilidad que uno ha cometido un error epistémico, uno tiene que estar preparado para cambiar las creencias de uno en respuesta a la evidencia que uno ha cometido un error. Ahora esta evidencia de error –como casi toda evidencia sobre cualquier cosa- puede ser engañosa. Entonces si uno deja que sus creencias sean guiadas por esta evidencia, habrá una tendencia a que las creencias empeoren. La racionalidad requiere conformar la creencia de uno a la evidencia –incluso si la evidencia algunas veces al final pareciera volverse engañosa – (Pág. 23).

Esta clase de evidencia provista por la opinión de pares difiere de otras clases de evidencia de un modo interesante, uno que refleja desde una especie de ángulo distinto lo raro de la autocrítica racional –especialmente sobre ciertos conceptos de racionalidad-. Un intelecto ideal el cual fuera racionalmente preciso de su perfección no estaría molestando la evidencia dada por los pares. La mera posibilidad de imperfección epistémica puede, una vez reconocida, implicar una verdadera imperfección epistémica, al menos como es usualmente concebida. Supongamos que alguien provee un teorema en lógica y (yet) se da cuenta que es posible que haya cometido un error en la prueba. En la medida en que él reconozca una probabilidad más alta de cero de haber cometido un error, uno debe tener menos confianza en el teorema –aun cuando la omnisciencia lógica por lo general lo toma como una idea racional-. Desafortunadamente no somos intelectos ideales. El hecho que seamos epistémicamente imperfectos es manifestado en parte por nuestra inhabilidad para hablar, solo por introspección o mediante un ejercicio duro del pensamiento, si hemos cometido un error. Afortunadamente las opiniones de otras personas sirven, junto con (alongside) nuestra propia introspección o el ejercicio duro del pensamiento, como evidencia con respecto a si hemos cometido un error. Cuando esta clase de evidencia indica que hemos cometido un error, este hecho requiere tomarla en cuenta. (Pág. 24).

Relajando las condiciones

La discusión sobre el restaurante, la predicción del clima y los casos de Newcomb ha sido circunscrita por algunas asunciones significantes o estipulaciones. Primero asumimos como “Unicidad Racional” la visión que hay una única respuesta de índole máximamente epistémica para cualquier situación evidencial. Luego se hizo dos estipulaciones del caso particular en discusión: que yo tenía una buena razón para suponer que mi amigo ha considerado toda la misma evidencia y ha considerado (llamémoslo “igualdad evidencial”) que tuve buena razón para pensar que ambos somos buenos en responder a esa clase de evidencia (llamémoslo “Paridad Cognitiva”). La asunción de Unidad Racional ciertamente puede ser debatida y las estipulaciones de igualdad evidencial y Paridad Cognitiva, en tanto que en conflictos poco realistas (no incluye ciencia ficción bizarra) y algunos casos atípicos que limitan la discusión. ¿Cómo podría aplicarse las lecciones circunscritas de la discusión cuando las condiciones son informales?

Primero vamos a la Unicidad Racional. Supongamos que en muchas situaciones la racionalidad es de algún modo permisiva tanto que hay más de una respuesta máximamente racional para una situación evidencial dada. Parecería que, una vez esto está permitido, el caso de cambiar mi opinión en la dirección de la de mi amigo se evaporaría. Después de todo, el punto de la actitud de vivir y dejar vivir es que mi amigo y yo seriamos igual de racionales en nuestras respuestas a la evidencia incluso si nuestros grados de confianza en la proposición relevante difieren. Si las opiniones de mi amigo difieren lo suficiente, podría ser que incluso ninguna de nuestras opiniones sea racionalmente óptima (después de todo, no cualquier ponderación de simplicidad y de encaje necesita ser óptimamente racional). Si mi opinión y la opinión de mi colega estuvieran muy alejadas y ambos fuéramos máximamente racionales, éstas estarían en el final opuesto del espectro de opinión máximamente racional, luego la extensión de nuestro desacuerdo proveería alguna evidencia de que al menos una de nuestras opiniones fue racionalmente subóptima. Entonces, a pesar que encuentre la Asunción Racional muy atractiva, no es necesaria para dar razones para cambiar de creencias en desacuerdos conocidos (Pág. 25).

Con respecto a la estipulación Igualdad Evidencial, vale la pena notar que lo que podría ser llamado Paridad Evidencial parecería producir los mismos resultados que la Igualdad Evidencial. Supongamos que tengo buenas razones para creer que la evidencia de mi amigo, a pesar de ser diferente a la mía, está también buena (por ejemplo supongamos que mi amigo y yo hemos hecho encuestas (polls) similares en distintas poblaciones pero con muestras comparables, hemos llegado a conclusiones conflictivas). Aquí las razones para nuestro desacuerdo no necesitan ser cognitivas –podría ser que una de las muestras no era representativa-. Pero fuera de toda razón especial para tratar su evidencia o razonamiento diferente al mío, debo considerar nuestras opiniones con igual probabilidad de ser exactas, y así debo alterar mi opinión hacia él. La Paridad Evidencial no es necesaria en el desacuerdo para dar razones sustanciales para la revisión de la creencia. Al final uno no tendrá una idea específica de que tan bien informada están las otras personas. Aun así, esto no elimina el valor evidencial de sus creencias (Pág. 26).

En resumen, se refleja (turn out) que las lecciones de los casos de pura artificialidad aplican a muchas situaciones ordinarias grandes. En general, a menos que uno tenga razón para considerase en una posición epistémicamente privilegiada –con respecto a la evidencia y con respecto a la habilidad de uno a responder correctamente a esa evidencia- el desacuerdo de los otros proveerá buena razón para revisar las creencias de uno. Es necesario señalar, sin embargo que con respecto a muchas de mis creencias, tengo buena razón para pensar que estoy en una posición epistémica especialmente privilegiada. Para algunas creencias, tengo más evidencia que una persona promedio y que otras. He pensado más cuidadosamente que una persona promedio. Incluso cuando viene de personas que conozco, por lo general tengo razón para confiar en mi propio razonamiento más que en los de los otros. Es difícil de explicar, cuánto ha pensado una persona acerca de alguna cuestión o si ellos están cansados o distraídos, mientras que yo podría saber que he estudiado una cuestión de manera cuidadosa y sé que me siento alerta. Entonces, a pesar de que la importancia epistémica del desacuerdo se extienda más allá (far beyond) de casos con pares epistémicos, yo tendré razones solidas y perfectamente imparciales para pensar que los desacuerdos particulares, tienen más probabilidades de ser explicados de una forma que favorezca mi exactitud en la creencia. De hecho el predominio de esta clase de situación puede explicar el atractivo intuitivo de esta visión, donde uno generalmente puede privilegiar sus propias creencias en decidir desacuerdos con otros.

Creencia cualitativa y la amenaza del escepticismo

Se ha discutido la creencia en términos cuantitativos y se ha discutido que el desacuerdo debe a menudo ocasionar un cambio en el grado de la confianza. Pero algunos que han discutido el problema lo han proyectado en términos de una noción de creencia cualitativa de todo o nada ¿Cuándo el desacuerdo provee razones para suspender la creencia? ¿Lidera este acercamiento algún nivel inaceptable de escepticismo? No hay un camino claro ni incontroversial para ver la relación entre la creencia graduada y la de todo o nada. Pero he visto que en cualquier forma razonable de ver la cuestión, la evidencia que puede demandar cambios significantes en el grado racional de la creencia, a menudo demandará cambios en la creencia racional de todo o nada (Pág. 27).

Tiene ciertamente que haber muchos casos donde el descubrimiento del desacuerdo por pares demande la suspensión de la creencia –o incluso la eliminación- en una proposición que fue originalmente creída racionalmente. ¿Demanda siempre una reducción (withholding) el desacuerdo de un par epistémico? Probablemente no. Parece que el desacuerdo en la creencia del todo o nada a menudo guía a la suspensión de la creencia por ambos lados. He estado proyectando el desacuerdo desde una luz positiva de deliberación, como oportunidad reflectante para el mejoramiento epistémico. Pero se puede entender ahora como esta clase de retorica podría hacer emerger suspicacias, como hace la retorica de aquellos manejadores de universidad quienes tienen resolutamente purgada la palabra “crisis” e incluso “problema” de sus vocabularios, a favor de las palabras “desafío” y “oportunidad emocionante para el cambio”. Otros que han pensado acerca de ese problema se han preocupado claramente por la amenaza del escepticismo. Es importante notar que el desacuerdo no está uniformemente distribuido. Hay grandes cuerpos de creencia en matemáticas, en las ciencias y en concepciones diarias del mundo que no están sujetos a un desacuerdo de pares. Por otro lado, hay aéreas de moralidad, religión, política y economía y desafortunadamente filosofía que están llenas (rife) de desacuerdo ¿Por qué? Parece claro que el desacuerdo emerge (flourish) cuando la evidencia es escasa (meager) o pobremente distribuida, o cuando debido a nuestras limitaciones emocionales o intelectuales, simplemente no somos buenos para reaccionar correctamente a ella. En otras palabras el desacuerdo emerge cuando las condiciones epistémicas están mal. Debemos reconocer que las condiciones epistémicas en filosofía no son grandiosas (Pág. 28).

La preocupación, entonces es que en campos como el de la filosofía, tomar el desacuerdo en las formas en que se han venido defendiendo conllevaría (would lead) a una reducción general de la creencia en muchos casos. En términos de grados de creencia, la preocupación es que el desacuerdo se resolvería a menudo lejos de los límites de la escala de credibilidad. Creo que eso es cierto. En filosofía al menos, creo que las partes que disputan no son pares epistémicos muy frecuentemente. A menudo, si algunas de las partes fueran a considerar la cuestión de la explicación de su desacuerdo con un par, y si alguno evaluó las explicaciones de la forma en que no recurrió al razonamiento subyacente (underlying) a su propia posición disputada, encontraría que él tenía buena razón para tomar la explicación en términos de su propio error tanto como la explicación en términos del error de su par. En ese caso, él no debe tomar su posición con la clase de confianza que los filósofos a menudo parecen tener con respecto a muchos problemas controversiales. En general pienso que es verdad que si aquellos que trabajan en condiciones epistémicas pobres fueran más racionales epistémicamente, habría menos desacuerdo y muchas posiciones estarían acogidas con menos confianza. Esto tendría algunas consecuencias mal recibidas, incluso más allá de la frustración del reconocimiento del hecho que a menudo no podemos responder confiadamente a las cuestiones que estudiamos. Pienso que incluso habría un inconveniente epistémico para esta clase de resultado. Es muy plausible que el conocimiento avance mejor por la exploración e intentando defender una variedad de razones a una pregunta dada. Tal vez la sicología humana lo hace más fácil de lograr cuando una variedad de investigadores tienen irracionalmente altos niveles de confianza en una variedad de pequeñas hipótesis. Podría muy bien haber importantes beneficios epistémicos para ciertos patrones de creencia irracional. Pero discutiría que los patrones de la creencia no son más racionales epistémicamente para todos así (Pág 29).

Parece obvio que en filosofía y en otras disciplinas, incluso los mejores practicantes cometen errores de manera frecuente y si uno es parte de una disciplina cuyos métodos están claramente vulnerables al error ¿No debe uno tomar esa razón poderosa para tomar precauciones en contra de la confianza infundada? Me parece que estas precauciones, cuando están disponibles, están bien. El tema del desacuerdo es viejo, pero malo. Es malo porque indica las condiciones de ignorancia (benighted) sobre las que trabajamos. Pero ajustar nuestras creencias en la dirección de aquellos pares con quienes tenemos desacuerdos debe ser bienvenido como una estrategia valiosa para copiar a nuestros padecimientos (infirmities) conocidos. Después de todo, quiero que mis propias creencias estén mejor soportadas por la evidencia. Entonces si las creencias de otro investigador (inquirer) decente, pero imperfecto acaban (turn out) por servir como chequeo parcial en contra mi déficit (falling short) de esa meta, esto me ataca como si fueran buenas noticias.

 

 

 

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