REACCIONES AL DESACUERDO DESDE EL DESACUERDO POR ADAM ELGA (TRADUCCIÓN)

REACCIONES AL DESACUERDO DESDE EL DESACUERDO

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https://www.dropbox.com/s/zfchq9b4kskb48n/Elga%2C%20How%20to%20Disagree%20about%20How%20to%20Disagree.pdf?dl=0

ADAM ELGA

  1. Introducción

Supongamos que usted y un amigo evalúan independientemente una afirmación (claim) que se atiene a los hechos, basados en la misma evidencia y en los mismos argumentos relevantes. Usted esta confiado en que la afirmación es verdadera. Pero luego, usted descubre que su amigo – cuyo juicio se respeta- está igual de confiado pero en que la afirmación es falsa ¿Debe esta situación reducir completamente su confianza en la afirmación en disputa?

Visiones conciliatorias sobre el desacuerdo responderían “si”. De acuerdo a éstas, descubrir que un consejero (adviser) respetado está en desacuerdo, debe hacer que uno se mueva al menos un poco en la dirección de la opinión del consejero, sea cual sea la materia o cuestión en disputa. Las visiones conciliatorias son extremadamente naturales y atrayentes (Christensen 2007; Elga 2007; Feldman 2007). Sin embargo, éstas encuentran baches cuando el tema en disputa es el desacuerdo mismo ¿Puede una visión conciliatoria abarcar el desacuerdo sobre el desacuerdo? Si no ¿Qué muestra este hecho con respecto a cuál es la visión sobre el desacuerdo que debemos adoptar?

Consideraré dos argumentos que prueban la falta de espacio del desacuerdo sobre el desacuerdo en una visión conciliatoria. A pesar de que el primero falla, el segundo resulta. Las visiones conciliatorias son inaceptables; sin embargo, las consideraciones que muestran esto no generan problemas para las visiones que son conciliadoras en parte: visiones que recomiendan compromiso frente al desacuerdo sobre muchas cuestiones, pero no sobre el desacuerdo mismo.

  1. Primer Argumento en Contra de las Opiniones Conciliatorias: Desacuerdos Repetidos con el Terco.

¿Pueden las visiones conciliatorias acomodar el desacuerdo sobre el desacuerdo? He aquí una razón para pensar que no[1]. Supongamos que usted y su amigo no están de acuerdo sobre la reacción correcta hacia el desacuerdo. Usted tiene una visión conciliatoria y sin embargo descubre que su amigo tiene la visión terca, en la cual el desacuerdo nunca es causa para cambiar la visión de uno acerca de un asunto en disputa. Puede parecer a veces como si su naturaleza conciliatoria lo condenara a conceder todo a su amigo terco después de una acalorada discusión. Aquí tenemos una escena representativa:

Usted cree que lloverá mañana, y su amigo cree que no (de aquí en adelante asumo que usted respeta la opinión de todos sus amigos y que ustedes tienen la misma evidencia relevante para el asunto en disputa). En respuesta al desacuerdo, usted es conciliador: reduce su confianza en que va a llover. Pero su amigo es terco: no cede en lo más mínimo.

Después de la primera etapa, queda un desacuerdo más ligero que extremo. De nuevo usted concilia y reduce aun más su confianza en que lloverá y de nuevo su amigo permanece inmóvil.

El desacuerdo todavía sigue. Usted reduce su confianza por tercera vez y así sucesivamente. Mientras la discusión continúa, usted es empujado arbitrariamente cerca a adoptar completamente la visión de su amigo sobre si va a llover o no.

En este caso, parece que su naturaleza conciliatoria lo compromete a ceder cada vez más, siempre que comparte (pool) opiniones con su amigo terco. Parece que es un fenómeno general; si es así, este hecho juega en contra de las visiones conciliadoras sobre el desacuerdo. Es implausible que uno necesite dar mucho terreno a un consejero solo porque es terco. Una dificultad similar emerge también con los consejeros que no lo son completamente pero que tienen una política de conceder muy poco en casos de desacuerdo.

Este es el primer argumento en contra de las visiones conciliatorias sobre el desacuerdo.

  1. Contra-argumento: El Amigo Conciliador no Concede Todo al Amigo Terco

Ahora el contra-argumento: visiones conciliatoriamente sensibles no implican que uno deba conceder arbitrariamente una gran porción a los consejeros tercos.

Para ver por qué no, imagine que un grupo de consejeros que usted conoce maneja una forma extrema de pensamiento grupal: ellos siempre terminan conciliando entre ellos. Ahora usted bien puede respetar las opiniones de ese grupo o puede cambiar (may well be moved), si descubre que uno de ellos está en desacuerdo con usted sobre un asunto en particular. Pero ahora suponga que otro miembro del grupo tampoco está de acuerdo con usted respecto el mismo asunto. Esta nueva información no motiva ningún cambio adicional en su visión, debido a que usted sabía de antemano que todos los miembros del grupo piensan de manera similar. Así que oír un segundo disenso no da realmente información nueva.

En contraste, suponga que recibe un disenso adicional de un consejero que formó sus opiniones completamente independientes al primero. En ese caso el segundo disenso motiva alguna cautela; la diferencia está en este caso en que usted no sabía de antemano a qué conclusión podría llegar este segundo consejero.

El punto general es que una opinión adicional que viene de afuera debería afectar en la medida en que ésta es independiente de las opiniones que se han tomado ya en cuenta[2]. Los anteriores ejemplos ilustran de una manera extrema lo siguiente: si de antemano uno conoce con certeza lo que el consejero piensa, oír su opinión no debe tener mayor impacto. Por ejemplo supongamos que dos de sus amigos casi siempre piensan parecido. Luego oír que el primer amigo está en desacuerdo con usted debe tener un gran impacto sobre su opinión. Si usted se entera que el segundo amigo se une al juicio del primero, en este caso la información nueva debe tener pequeño impacto adicional sobre su opinión.

El lugar de independencia anterior no es en nada polémico y cada visión sensible sobre el desacuerdo debe acomodársele[3]. Es más, las visiones conciliatorias sobre el desacuerdo no encaran dificultades especiales en hacerlo.

Ahora retornemos al caso en el cual usted está en desacuerdo sobre el clima con un amigo terco. Cuando se entera del desacuerdo inicial, usted deber ser verdaderamente movido en la dirección de la visión de su amigo. Pero en un segundo momento, las visiones del desacuerdo no lo deben hacer mover de ninguna manera. La razón es la misma que en el caso del grupo que piensa igual: desde que conozca anteriormente la naturaleza terca de su amigo, su desacuerdo continuo no le suministra nada nuevo. Poniéndolo de otra forma: usted tiene en cuenta su opinión en la primera etapa de la disputa y la correlaciona completamente con su opinión para etapas posteriores. Como resultado, una visión sensible y conciliatoria le recomendará mantenerse inmovible en una segunda etapa y en las posteriores.

Un análisis similar aplica en el caso de un consejero que no es completamente terco pero que tiene una conocida política de conceder muy poco en casos de desacuerdo. El desacuerdo inicial de este consejero debe tener un gran impacto sobre su opinión. Pero cuando el consejero se mantiene proponiendo la misma visión en desacuerdos posteriores, no debe haber impacto adicional.

Mensaje: Las visiones sensibles y conciliatorias no necesitan conceder todo a los consejeros tercos. Esto responde el argumento.

  1. Segundo Argumento en Contra de las Visiones Conciliatorias: Éstas Se auto-debilitan

Siguiente Argumento.

Las personas están en desacuerdo respecto a la mejor reacción frente al desacuerdo, así como entran en desacuerdo con respecto a la política o al clima. Al igual que en el clima, una visión conciliatoria sobre el desacuerdo sería la mejor. No solo eso sino que también debería ofrecer consejo sobre cómo discutir el desacuerdo mismo. Sin embargo las visiones conciliatorias se ven en problemas en ofrecer dicho consejo.

El problema es el siguiente: en muchas situaciones donde se desacuerda sobre el desacuerdo, las visiones conciliadoras invocan su propio rechazo. Si esto es así, entonces estas visiones sobre el desacuerdo son incoherentes. Ese es el argumento[4].

Consideremos un ejemplo. Supongamos que usted tiene una visión conciliatoria sobre el desacuerdo y descubre que su amigo respetado está en desacuerdo. Él ha alcanzado una visión competitiva (sobre este tema) y le habla al respecto. Si su visión conciliatoria es correcta, ésta debe ser cambiada. Usted debería ponerse a pensar que lo que su amigo dice es correcto. En otras palabras, su visión frente al desacuerdo le pide que renuncie a esa misma visión.

Uno podría tratar de evitar este resultado añadiendo una restricción especial a esa opinión conciliadora. Por ejemplo, uno podría decir que en general es necesario ser movido al desacuerdo, pero no cuando el tópico en disputa es el desacuerdo mismo. Pero semejante restricción parece ofensivamente arbitraria y ad hoc[5]. Si se debe ser sensible al desacuerdo sobre otras cuestiones, entonces ¿Por qué no sobre el desacuerdo también? (Por supuesto que no porque el desacuerdo es un tema fácil o no controversial, como la producción de este volumen lo muestra).

Entonces: Visiones conciliatorias sobre el desacuerdo invocan a veces su propio rechazo. La siguiente sección explica por qué las visiones sobre el desacuerdo que invocan su propio rechazo son incoherentes.

  1. Visiones que se Menoscaban a sí Mismas son Incoherentes

¿Por qué es incoherente para una visión sobre el desacuerdo invocar a su propio rechazo? Para ver por qué, nótese que la visión sobre del desacuerdo es parte de un método inductivo, el método fundamental que se tiene para tomar en cuenta la evidencia. Un método inductivo ofrece recomendaciones sobre qué creer basado en el curso de la experiencia. Dado un recorrido de experiencia, un método inductivo indica lo que uno debe creer respecto a varios temas: el clima, quien ganará la próxima elección y así sucesivamente. Incluso indica cómo un recorrido de experiencia dado carga la cuestión sobre cual método inductivo se debe usar.

Ahora supongamos que a veces la visión sobre el desacuerdo invoca su propio rechazo, luego el método inductivo a veces también lo hace porque la visión que se tiene sobre el desacuerdo hace parte de éste[6]. Entonces, para mostrar que las visiones sobre el desacuerdo que se menoscaban a sí mismas son incoherentes, es suficiente mostrar que los métodos inductivos que se menoscaban a sí mismos son también incoherentes.

El siguiente ejemplo[7] ilustra mejor este hecho.

La revista Reportes al Consumidor tasa electrodomésticos y recomienda cuales comprar. Supongamos que, además de tasar electrodomésticos, Reportes al Consumidor también tasa y recomienda otras revistas de orientación al consumidor. Coherentemente, esta revista no puede recomendar al mismo tiempo la competencia (competencia entendida como aquellas revistas que tienen recomendaciones distintas para comprar electrodomésticos).

Para ver por qué no, consideremos un ejemplo. Supongamos que Reportes al Consumidor dice “Compre solo la tostadora X”, mientras El Comprador Inteligente dice “Compre solo la tostadora Y”; además supongamos que Reportes al Consumidor también dice “Reportes al Consumidor no sirve de mucho, la revista El comprador Inteligente es la que se debe tener en cuenta”. En este caso Reportes al Consumidor ofrecería un consejo inconsistente para comprar tostadoras. Por un lado, recomienda directamente comprar la tostadora X y por otro lado, también pide confiar en El comprador Inteligente, que recomienda comprar la tostadora Y. Es imposible seguir ambos consejos.

En otras palabras:

  1. Reportes al Consumidor dice: “Compre solo la tostadora X”.
  2. El Comprador Inteligente dice:”Compre solo la tostadora Y”.
  3. Reportes al Consumidor dice: “Siga el consejo de El Comprador Inteligente”.

De acuerdo a lo que El Comprador Inteligente diría con respecto a las tostadoras, los ítems 1 y 3 son consejos en conflicto. Así que Reportes al Consumidor daría un consejo conflictivo respecto a las tostadoras. Una situación similar emergería en el caso en el que Reportes al Consumidor recomiende cualquier otra revista de la competencia.

Mensaje: Ninguna revista de orientación al consumidor puede recomendar coherentemente alguna otra de la competencia. Por la misma razón, ningún método inductivo puede recomendar coherentemente un método inductivo que le compita. Vamos a explicarlo usando un argumento adaptado de Field (2000:131).

Así como una revista de orientación al consumidor sugiere como comprar, un método inductivo sugiere como responder a varios recorridos de experiencia. Un método inductivo dice algo así como: “Dado un recorrido de experiencia E1, adopte esta o esta estructura de creencia. Dado un recorrido de experiencia E2, adopte tal y tal estructura de creencia. Dado un recorrido de experiencia E3, adopte esta bla, bla, bla estructura de creencia…” En otras palabras, un método inductivo propone (put forward) una regla para reaccionar ante recorridos posibles de experiencia.

Un poco sobre terminología: dado un recorrido inicial de experiencia, diremos que dos métodos inductivos son competidores (y que cada uno es una competencia del otro), si ofrecen recomendaciones opuestas sobre cómo reaccionar frente a alguna experiencia ulterior.

Ahora: es incoherente para un método inductivo recomendar dos reacciones incompatibles para un solo recorrido de experiencia. Sin embargo eso es exactamente lo que hace un método si nunca recomienda un método que compita sobre él mismo.

Por ejemplo, supongamos que los métodos inductivos M y N ofrecen consejo contrario sobre cómo responder al recorrido de experiencia “si ve el rayo, ve el arcoíris”. En particular supongamos que:

  1. El método M dice: “Para poder ver el rayo y luego un arcoíris, adopte la estructura de creencia X”.
  2. El método N dice: “Para poder ver el rayo y luego un arcoíris, adopte la estructura de creencia Y”.

(Asumamos que es posible adoptar ambas estructuras de creencia). Supongamos también que M a veces invoca su propio rechazo:

  1. El método M dice: “Para ver el rayo, no siga más al método M y empiece a seguir el método N”.

Luego el método M ofrece un consejo inconsistente. Por un lado, recomienda directamente una estructura de creencia X para poder ver el rayo y luego el arcoíris. Pero por otro lado, también dice que al ver el rayo se debe seguir el método N, el cual recomienda la estructura de creencia Y para ver un rayo y luego un arcoíris. Es imposible seguir ambos consejos. El método M da consejo incoherente sobre cómo reaccionar a ver el rayo y luego el arcoíris. Un conflicto similar emerge en cualquier caso donde un método inductivo recomiende uno que le compita[8].

Entonces: Así como una revista de orientación al consumidor no puede recomendar consistentemente una que le compita, un método inductivo tampoco puede recomendar consistentemente uno que le compita. En otras palabras, los métodos que invocan su propio rechazo son incoherentes, lo cual supone que las visiones conciliatorias sobre el desacuerdo son incoherentes. Llamemos esto el problema del auto-debilitamiento.

Resultado final: El problema del auto-debilitamiento muestra que las visiones conciliatorias sobre el desacuerdo deben ser rechazadas.

  1. Contra-Argumento al Problema del Auto-Debilitamiento de la Visiones Conciliatorias

No hay buen contra-argumento. Las visiones conciliatorias se mantienen rebatidas.

  1. Si las visiones conciliatorias no están bien ¿Debemos adoptar entonces una visión sin compromiso?

Las visiones conciliatorias presentan problemas porque requieren ser conciliatorias en absolutamente todo, incluso en sus propias certezas. Sin embargo hemos visto que es incoherente ser conciliador en absolutamente todo[9]. Así que ¿Cuál visión debemos adoptar entonces? Podríamos adoptar una visión que es conciliadora en muchas cuestiones pero no sobre el desacuerdo mismo. Sin embargo, como vimos antes, estas visiones tienden a volverse arbitrarias y restrictivamente circunstanciales.

Como alternativa, podríamos adoptar una visión que evite el problema del auto-debilitamiento sin imponer restricciones especiales. Ya vimos esa visión: la del terco. La visión del terco evita el problema del auto-debilitamiento porque, según esta visión, el desacuerdo sobre el desacuerdo no debe afectar en nada su visión sobre el desacuerdo. De esta manera no existe ninguna amenaza de que la visión del terco invoque su propio rechazo.

Una visión más plausible que también evita inconvenientes en casos de desacuerdo sobre el desacuerdo es la Visión de las Razones Correctas[10]. La visión de las razones correctas se explica mejor con un ejemplo: Dee y Dum evalúan independientemente una afirmación, basados sobre la misma cantidad (batch) de evidencia E. Una vez ellos descubren que llegaron a conclusiones opuestas ¿Cómo deben reaccionar? De acuerdo a la visión de las razones correctas, eso depende de cual conclusión es respaldada mas por la evidencia E. Por ejemplo, supongamos que E respalda las conclusión de Dee. Luego, en reacción al desacuerdo, Dee debe apegarse a su conclusión y Dum debe cambiarse.

De manera más general, la visión de las razones correctas dice que, ante el desacuerdo, se debe adoptar cualquier visión que la evidencia original respalde realmente. Aquí la “evidencia original” es la que se tenía antes de saber las conclusiones de cualquier otro.

La visión de las razones correctas no tiene mayor problema en contener el desacuerdo sobre el desacuerdo. Por ejemplo: supongamos que su evidencia soporta muy bien la visión de las razones correctas y que, como resultado, usted la toma. Supongamos también que usted se entera que un consejero respetado concibe una visión diferente sobre el desacuerdo. De acuerdo a la visión de las razones correctas, este hecho no debe debilitar en lo más mínimo su confianza en la visión de las razones correctas. En otras palabras, de acuerdo a la visión de las razones correctas, encontrar desacuerdo sobre el desacuerdo no debe afectar sus opiniones sobre el desacuerdo. Otros casos son similares.

Tanto la visión del terco como las visiones de razones correctas no se comprometen de la siguiente manera: cada una implica que, si se ha juzgado correctamente cómo la evidencia original se soporta sobre una afirmación, entonces el solo hecho de descubrir que un consejero respetado está en desacuerdo no debe cambiar en nada la confianza que se tiene en la oración. En otras palabras, mientras que las visiones conciliatorias predican que el desacuerdo siempre debe hacer mover, estas visiones no comprometidas dicen que el desacuerdo nunca debe hacerlo (dado por sentado que se ha reaccionado correctamente a la evidencia original).

Entonces: Hemos visto dos formas en que una visión sobre el desacuerdo puede manejar coherentemente casos de desacuerdo sobre el desacuerdo. La visión puede ser parcialmente conciliatoria y decir que uno debe ser movido por el desacuerdo en algunas cuestiones importantes, pero no cuando estamos hablando del desacuerdo mismo. También están las que no se comprometen y dicen que uno no debe ser movido por el desacuerdo en ningún tema (dado por sentado que se ha reaccionado correctamente a la evidencia original). Sin embargo, las visiones parcialmente conciliatorias parecen requerir restricciones arbitrarias y ad hoc. Así que el problema del auto-debilitamiento parece favorecer el adoptar una visión no comprometida (Weatherson 2007). Pero eso es una ilusión. No es para nada arbitrario que para una visión sobre el desacuerdo se trate el desacuerdo sobre el desacuerdo de una forma especial. De esta manera el problema del auto-debilitamiento no es evidencia para visiones no comprometidas sobre el desacuerdo. Aquí está la razón.

  1. La raíz del problema del Auto- Debilitamiento

Parece arbitrario que una visión recomiende que uno actúe conciliatoriamente en muchas cuestiones, pero no en el desacuerdo mismo. Pero en realidad, sin que la arbitrariedad aparezca, la discusión de Reportes al Consumidor y los métodos inductivos muestra que está en la naturaleza del dar consejo consistente que éste se vuelva dogmático con respecto a sus propias certezas. Y las visiones sobre el desacuerdo dan consejo sobre cómo responder a la evidencia. Por cuestiones de consistencia, las visiones sobre el desacuerdo tienen que ser dogmaticas con respecto a sus propias certezas.

En otras palabras, la verdadera razón para restringir visiones conciliatorias no es el desacuerdo en particular. Incluso la verdadera razón es una coacción completamente general que aplica a cualquier política, regla o método fundamental[11]. Para ser consistente, una política, regla o método tiene que ser dogmatico con respecto a su propia certeza. Esta coerción general da una motivación independiente en una visión sobre el desacuerdo, para tratar el desacuerdo sobre el desacuerdo de una forma especial. Entonces las visiones conciliatorias no necesitan en parte restricciones ad hoc para evitar el problema del auto-debilitamiento. Éstas necesitan solo restricciones que sean independientemente motivadas.

Permítame ilustrar lo que quiero decir con un ejemplo de Reportes al Consumidor. Supongamos que, por veinte años en fila. Reportes al Consumidor se posiciona como la revista de orientación al consumidor número 1. Un lector quisquilloso (picky) podría quejarse a los editores:

Ustedes son imparciales y rigurosos al dar información sobre tostadoras y autos. Pero obviamente tienen una excepción ad hoc para otras revistas de orientación al consumidor. Ustedes siempre dicen ser la número 1! Por favor apliquen sus estándares rigurosos en todo aspecto en el futuro.

Esta queja no tiene fuerza. Lo editores pueden replicar:

Presentar nuestras recomendaciones en tostadoras y autos es postularlos como buenas recomendaciones. Y no podemos hacer eso de manera consistente si afirmamos al mismo tiempo que las recomendaciones contrarias son superiores. Así que posicionarnos como número 1 no resulta de una excepción arbitraria y ad hoc a nuestros estándares. Nos vemos forzados a declararnos el número 1 para ser consistentes con nuestras otras evaluaciones.

La misma lógica se mantiene para visiones de desacuerdo. Así como Reportes al Consumidor tiene una buena motivación independiente para evitar recomendar una revista de la competencia, así mismo una visión sobre el desacuerdo tiene una buena motivación independiente para evitar invocar su propio rechazo. En particular, las visiones conciliatorias tienen en parte buena motivación independiente para tratar el caso del desacuerdo sobre el desacuerdo de casos como el desacuerdo sobre el clima.

Resultado final: Las visiones conciliatorias en parte no necesitan restricciones ad hoc para evitar el problema del auto-debilitamiento. Entonces en parte, el problema del auto-debilitamiento no favorece visiones no comprometidas sobre las conciliatorias. Así que, a pesar que las consideraciones emergentes sobre cómo tratar el desacuerdo refutan las opiniones que son conciliatorias sobre todos los temas, no hay evidencia en contra de las visiones conciliatorias en una gran cantidad de estos.

Referencias

Christensen, David ( d ” 2007). “Epistemology of Disagreement: the Goo News,

Philosophical Review, n6: 187-217.

Elga, Adam (2007). “Reflection and Disagreement,” Noüs, 41: 478- ~~2_- .

Feldman Richard (2007). “Reasonable Religious D1sagreements, m Lomse

  1. A~tony (ed.), Philosophers without Gods: Meditations on Atheism and the Secular

Life. Oxford: Oxford University Press. .

Field, Hartry (2 ooo). “Apriority as an Evaluative Notion,”. i~ Paul BoghoSSlan

and Christopher Peacocke (eds.), New Essays on the A Pnon. Oxford: Oxford

University Press, 117-49. , .

Kelly Thomas (2005). “The Epistemic Signiflcance ofDisagreement, m Tamar

Sz~bo Gendler and John Hawthorne (eds.), Oxford Studies ín Epistemology, L

Oxford: Oxford University Press. .

Lewis, David (r97 r). “Immodest Inductive Methods,” Philosophy of Saence, 38/r!

54-63.

Weatherson, Brian (2007). “Disagreeing about Disagreement.” TS, January.

<http:! /brian.weatherson.org/DaD.pdf>

Traducción realizada por David Orjuela

Universidad de Buenos Aires

2012.

[1] No he visto esta objeción impresa (de todas maneras revisar Weatherson 2007), solo la he visto repetidamente en conversaciones. Así que merece ser puesta en el resto.

[2] Cf. Kelly, Cap. 6, en este volumen.

[3] Por ejemplo, de acuerdo a la Visión de Igual Peso, es una coacción sobre la racionalidad que la probabilidad de uno en una afirmación en disputa se iguale a la propia probabilidad previa en la afirmación, condicional sobre lo que uno ha aprendido acerca de las circunstancias del desacuerdo (vea Elga 2007: n. 26). Pero cuando hay una certeza con anterioridad sobre cual será la reacción del consejero, esa probabilidad condicional previa igualará la probabilidad incondicional previa en la afirmación. Así la Visión de Igual Peso es consistente con la observación anterior sobre las opiniones adicionales (que oír una opinión adicional debe mover solamente en la medida que uno la cuente como independiente de la información que uno ya ha tomado en cuenta).

[4] Vi primero esta objeción en una versión temprana de Kelly (2005), la cual discute la objeción sin aprobarla. Weatherson (2007) ha trabajado independientemente una objeción de esa clase.

[5] Revelación: Emergerá después que una restricción similar deba ser impuesta. Sin embargo será un esfuerzo realmente grande explicar las arbitrariedades aparentes para hacerlo.

[6] Mejor dicho: Suponga que alguien tiene la visión V sobre el desacuerdo y supongamos que se tiene un método inductivo M. Luego la visión V tiene que ser parte de M. Entonces si (dado un recorrido particular de experiencia), la visión V dice rechazar V, M tiene (dado el mismo recorrido de experiencia) que decir que rechaza V. Esto pasa porque M dice todo lo que V dice. Sin embargo rechazar la visión V es rechazar M siempre y cuando V sea parte de M. Así que M hace que se rechace M. Así si V se menoscaba a sí misma, M lo hace también.

[7] La analogía del Reportes al Consumidor es adaptada de Lewis (1971:55).

[8] Se podría pensar que algunas visiones conciliatorias sobre el desacuerdo evitan ese problema porque ellas no invocan completamente su propio rechazo. Tal vez invocan totalmente su propio rechazo de manera parcial. Por ejemplo considere un caso en el cual alguien con una visión conciliatoria -llamémosla C- se entera de una visión sobre el desacuerdo que le hace competencia –llamémosla D-. La visión conciliatoria no necesita decir, en este caso, “rechace C y adopte D”. En vez de eso podría decir “que no haya certeza ni para C ni para D”.

Pero incluso las visiones sobre el desacuerdo que invocan parcialmente su propio rechazo son incoherentes. Para dar cuenta de esto, fijémonos que cuando uno modifica la visión para responder al desacuerdo, se debe modificar en la misma medida la forma de responder a los desacuerdos posteriores, en particular cuando lo anterior modifica la confianza, la aleja de la visión C y la lleva hacia la visión D. Esto a su vez debe cambiar en la misma medida el método inductivo que se implementó. No sería un cambio tan dramático, como si hubiera llegado a ser completamente convertido a la visión D, pero igual sería un cambio. En otras palabras, incluso en esta clase de casos, la visión C invoca un cambio en el método inductivo. Y para algunas opciones de la visión D, la visión C invoca un cambio al método inductivo de la competencia y ahora el argumento aplica al texto principal.

[9] Me parece bien que algunos autores que defienden la conciliación en un gran rango de casos, tiendan a no hacerlo en todos. Por ejemplo, Feldman (2007) da argumentos que favorecen suspender el juicio en casos simétricos de desacuerdo. (Feldman 2007: 212). De manera similar, Christensen (2007: 189) limita su aval de conciliación a un rango restringido de casos: “ Discutiré el hecho de que en un gran número de casos (de desacuerdo entre pares) del tipo que van Inwagen y otros parecen tener en mente, debo cambiar significativamente mi grado de confianza hacia el de mi amigo” (cursivas mías). Incluso la Visión de Igual Peso (Elga 2007) no alcanza a necesitar de conciliaciones en todos los temas. Por eso esta visión toma la forma de coacción sobre las probabilidades condicionales (ver Elga: n.26). Como resultado, la visión es compatible pensando en que los agentes deban tener probabilidad en determinadas proporciones y que ninguna información nueva sobre el desacuerdo deba reducir esa posibilidad.

[10] La Visión de las Razones Correctas es una versión simplificada de la defendida en Kelly (2005: 180).

[11] Un método fundamental es uno cuya aplicación no es gobernada o evaluada por ningún otro método. Ver Field (2000: app.).

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